El harén de la buena acera
Sé que de un plumazo elimino el 90% de mis opciones
pero no importa
diré con sinceridad mi preferencia:
no me gustan las heteros
por reciprocidad
lo siento.
Del restante 10%
tampoco penséis que todo me vale:
no me gustan las que ven Telecinco,
no me gustan,
lo siento.
No me van las que hablan mal todo el rato de otras personas
y tampoco las esculturales deportistas de encefalograma plano,
no me va el rigor mortis,
lo siento.
No me gustan las ricas que solo son ricas aunque estén ricas
y como soy mas de duda que de certezas
no me atraen las vehementes de blanco o negro.
Aún a riesgo de parecer melindrosa
diré con sinceridad mi preferencia:
me gustan las sabihondas.
Las que leen, las que escriben, las que pintan...
Las profesoras de inglés y las periodistas.
Las profesoras de arte y las fotógrafas.
Las enfermeras y las bomberas cuando estoy malita o me arde todo
y las fiscales para acusarme de vanidosa y restaurar mi
humildad.
Las bibliotecarias cuando acabo una novela
y las cantantes de jazz sin motivo alguno
sólo por divas.
Las trabajadoras sociales por su gran corazón
y las filósofas porque se hacen preguntas.
Las matemáticas por su capacidad de abstracción
y las escritoras...
las escritoras me gustan todas
con y sin pluma.
Así que un día quizá me vaya a vivir a Salt Lake City
en EEUU, Utah.
Y allí, en el estado mormón por excelencia,
vivamos todas juntas
amándonos por las mañanas y en la siesta.Las noches las dedicaremos a veladas poéticas
donde correrá el vino francés y californiano.
Para días especiales reservaré tinto de la meua terreta y haremos muchas odas a la uva bobal
y también a la monastrell.
En los postres beberemos moscatel de Xalò
o herbero de la Serra de Mariola.
Seremos tan felices lejos de la culpa católica
en la acera correcta de las religiones
bajo el palio al fin de una fe sin defecto,
la mormona,
que permite la poligamia.
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