Venus y Serena
Jugamos al tenis dos años y medio:
tu casa, la mia, tu casa, la mia
y de pronto a mí me molestó la red
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Empecé a odiar, al tiempo que exigir,
la raqueta del recíproco que hasta entonces,
bravucona enamorada,
había descartado como trasto de frágil cordaje
Detesté telones y maldije abismos
Tú observabas a lo lejos
mi deseo ávido de ti
mientras pasabas el peso de tu amor
de un pie al otro con vaivén
Siguiendo fielmente las instrucciones de IKEA
quise saltar a tu campo para montar el mutuo
sin atender a mi aversión a las grandes superficies
obviando que a ti te basta con muebles de contenedor
Calculé decididamente mal mi pericia
A tu grito de ¡Más despacio, más despacio!
se enganchó mi pie izquierdo
en la red y di de bruces con la realidad
¿Y la copa —preguntaba atónita— dónde probar la dureza de mis dientes?
Avergonzada por la hilaridad producida en las gradas
me encogí como Alicia hasta la abreviatura de mí misma
A través del espejo me vi adherida al suelo como un chicle
de esos que se vuelven duros y se ennegrecen
con el paso del tiempo
pisada tras pisada
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